
AQUÍ Y AHORA
El panorama es muy amplio y obviamente, no pueden estar todos los que son, pero si creo que los que están representan muy bien y de forma variada una real actualidad.
María Martín, 2006.
Con esta exposición quiero hablar del presente, de lo actual, del momento que estamos viviendo. Para poder reducirlo y acotarlo, me he limitado a veintiún artistas que nos pueden dar una pauta de que está ocurriendo con la creatividad en España, cuáles son los derroteros por los que se mueven los jóvenes creadores, que temas tocan, que materias usan y que lenguajes eligen. El panorama es muy amplio y obviamente, no pueden estar todos los que son, pero si creo que los que están representan muy bien y de forma variada una real actualidad. La diversidad es una de las cualidades que presenta esta muestra, no son seguidores los unos de los otros y cada uno de ellos se mueve por un camino de clara elección personal, sin duda, el que más se adecua a sus necesidades expresivas. Si tuviera que englobarlos en un criterio, que no fuera solo el momento presente y su procedencia, me inclinaría por el de frescura.
En todos ellos hay un fuerte carácter propio que denota individualidad, visión independiente de una realidad, que se refleja en el arte de cada uno con una sensibilidad distinta. Todo arte parte de la tradición, de la cultura, de la experiencia personal pero también del momento y del lugar en el que se genera, del ‘aquí’ y el ‘ahora’.
El período creativo es fundamental para comprender la obra y también para que esa obra tenga una razón de pasar a la historia, por su efecto, su aportación, su influencia, etc.
El presente está cargado de lo circunstancial y esto puede entorpecer la visión más profunda de los sucesos que se generan en él, pues lo profundo, lo realmente importante, no suele ser evidente y sucede en muchos casos de una manera callada y es el tiempo el que se encarga de recomponer los hechos y situarlos en el lugar que su trascendencia les merece. Por ello, podemos pensar, como bien dice el dicho: que los árboles no nos dejan ver el bosque y el presente transcurre en el corazón del bosque, es ese centro, donde todo sucede, apasionante, lleno de información, de ideas contradictorias, de diferentes circunstancias, de ilusiones y pretensiones, de engaños y fantasías, de ambiciones y frustraciones, de glorias y derrotas, de buenas y malas intenciones, es el cuarto de jugar -si uno lo ve con ojos alborotados- todo está ahí, al alcance de la mano, todo a nuestra disposición para ver cómo lo enfocamos, hacia qué lado nos inclinamos, qué ideas apoyamos, bajo qué sombras nos resguardamos o qué piñas cogemos.
El presente es fascinante y vertiginoso pues nos hace dueños de nuestros hechos.
Las circunstancias son accidentes en la vida, matices que nos hacen cambiar el transcurso de nuestras acciones, como bien decía Ortega “el hombre es él y sus circunstancias” pues estas le hacen ser de una manera y no de otra en su continuo adaptarse al vivir diario. Así, el hombre al participar de la vida en su momento presente, se forma y se involucra en su vivir, convirtiéndose en un ser inmediato, en continua evolución y renovación, inagotable, ya que al vivir el instante, se pierde perspectiva de futuro pero se gana en dimensión, pues el presente es siempre.
El Yo y la creatividad
Vivir el ahora en cada momento es un ejercicio difícil de mantener.
Por costumbre recurrimos a los recuerdos, a los errores cometidos con anterioridad para evitar volver a caer en ellos y el simple miedo de repetirlos nos lleva de nuevo a reproducirlos, ya que nos estamos recitando la lección equivocada una y otra vez sin dejar lugar a aprender otra. A esto le añadimos el temor al futuro, ese lugar de proyección que siempre está por llegar. En él ponemos nuestras ambiciones y sueños, la meta gloriosa que nos condiciona todas nuestras elecciones, renuncias y maneras de actuar, olvidándonos que es tan solo algo hipotético, imaginado, que cuando llegue se hará en el presente y no lo viviremos, pues nos encontraremos proyectando el futuro.
Y con esto se nos hace ardua la tarea de vivir lo único que realmente es nuestro: el presente. La clave numero uno para poder centrarnos en él es la consciencia, pues al reconocernos en nosotros podremos visualizar la cualidad intrínseca del Yo, la existencia y el estado en que esta se encuentra. Por lo tanto el presente nos lleva al Yo y a su conocimiento intelectual en el que se aprende a sí mismo junto con toda la experiencia del mundo en su entorno, llevándolo a una vivencia “consciente”.
El conocimiento se basa en la asimilación y adecuación del sujeto, siendo entonces uno capaz de participar u oponerse a él. A través del enfrentamiento con la realidad seremos capaces de participar de ella pero, para ello, tendremos que habernos enfrentado primeramente con nuestra existencia en esa realidad y eso vendrá ante la completa percepción de uno mismo. El Yo es el punto de referencia en todos los actos intelectuales del hombre y el conocimiento forma parte de los hechos intencionales.
El Yo hace posible el saber, partiendo de él todo cobra interés en cuanto le afecta y le supone una transformación. Será entonces nuestro ego el que nos pida vivir el ahora, ya que será consciente de que esta es su manera de ser más él, la única forma de existencia plena en la que puede dar lugar a todo su desarrollo.
Si hablo aquí del conocimiento como una vivencia consciente, no excluyo que de considerables procesos inconscientes podrán salir resultados inteligentes, como son en muchos casos las percepciones extra sensoriales o las vivencias místicas, pero en todos ellos se da igualmente una canalización a través del Yo que lo enjuicia y materializa.
La creatividad requiere una autoconciencia, en ella se dará un conocimiento del Yo y una percepción del momento presente. Una clara noción del Yo está implícita en todos los actos que parten de nosotros hacia otros objetos, así el acto creativo parte del espíritu proyectándose hacia el exterior.
El proceso creativo precisa de esta consciencia, pues aunque la mirada del espíritu se manifieste hacia fuera no se pierde en lo otro ya que anteriormente lo ha hecho suyo. Ha habido una captación que es necesaria en el conocimiento intelectual, una interiorización hacia las profundidades del propio Ser para procesar lo externo y asimilarlo, de modo que no se pierde en lo vivido si no que lo absorbe haciéndolo suyo. Solo así se realiza plenamente el conocimiento, con una vuelta del espíritu sobre sí mismo y de este proceso parte el de la creatividad. El Yo entonces se convierte en creador, adquiere una plenitud que le otorga la capacidad de producir algo nuevo. Partiendo de los conocimientos adquiridos que ha absorbido como suyos siente la necesidad de generar algo que se diferencie de lo ya existente para marcar su independencia y diferencia, y, así, reafirmar su ego. La personalidad creativa demanda de una fuerte carga egocéntrica para sacar adelante una obra que en cierto modo parte de la nada, pues no se refiere a una nueva producción de un elemento ya existente, si no a la creación de algo distinto y sin fin productivo. Hay una exaltación del Yo en el proceso del pensamiento que se genera ante la creatividad y que asegura la supervivencia.
La confirmación de que uno está vivo y actuando en este momento da fuerza al deseo de ser uno mismo, por ello el ego es un factor importante, ya que en cierto modo es la parte consciente y voluntariosa que quiere controlar la situación y que genera la autoexigencia necesaria para estar en un proceso de constante superación, al mismo tiempo que equilibra y se enfrenta con los aspectos más emocionales y vulnerables del espíritu. El lado sensible que da una capacidad estética y una perceptibilidad distinta, profunda y capaz de generar una obra rica y cargada de sentido, necesita de un motor que tire de ella y genere la fuerza y el deseo de desarrollar y materializar ese discernimiento excepcional del espíritu. Este deseo va a querer ser reflejado en lo inmediato, en salir del interior, donde bulle, para ver la luz y adquirir forma y tener lugar. Pues una vez pasado el proceso delicado de la concepción -donde las ideas son muy sensibles y frágiles y deben cuidarse de ser mostradas, ya que todo proceso nuevo es quebradizo y fácilmente dañado o destruido si se expone a un prematuro criticismo, de ahí la desconfianza y secretismo que manifiesta el temperamento creativo cuando se encuentra en periodo de gestación- el mostrarse requerirá de urgencia como el nacimiento de cualquier criatura a la que le ha llegado el momento de ver la luz.
Pero si hay un lado vulnerable durante el desarrollo de la creatividad que necesita ser protegido de miradas ajenas para no recibir influjo negativo, también, por esa característica propia suya que es la independencia, sabrá embeberse del entorno sin perderse en él, por lo tanto la continua influencia de los acontecimientos presentes se verá siempre procesada por los criterios propios y la repercusión en ella estará marcada por los discernimientos internos más que por la sociedad o el medio en el que se encuentre.
Se va generando un equilibrio productivo entre lo interior y lo exterior. La necesidad del hombre de adaptarse al mundo que le rodea le llevará a un mejor uso de su inteligencia, si además sabe hacer uso de ese entorno a través del Yo, desarrollará la inteligencia creativa. Hablar de inteligencia puede llevar a un terreno fangoso en el que no quiero entrar, ya que no estoy refiriéndome a una inteligencia medida por el coeficiente intelectual, si no a la capacidad de canalizar esa tensión interna, que en casos se genera en el ser humano, y que se convierte en el poder para la creación.
Tensión o dualidad, ya que el continuo encuentro de contrarios pasa a ser parte de ese proceso creativo. La pasividad de la inspiración, del caprichoso mundo de las ideas que viene y va a su antojo y la voluntad laboriosa que lo pone en práctica y le da una forma a ese contenido sensible. La perceptibilidad de todo lo que sucede alrededor ayudará a desarrollar el ego y también le servirá de estímulo hacia sí mismo. El encuentro de lo interior con lo exterior generará sentimientos contrarios, desde el escepticismo ante la mirada ajena a la reafirmación de uno mismo en ese exterior; así como la construcción de lo creado que aunará el binomio en una relación de armonía convirtiéndolos en uno desde la mirada particular del artista.
Lo masculino y lo femenino darán equilibrio. La forma y el contenido se unirán para hacer productiva la expresión sensible en la construcción creativa. El fluir libre del espíritu soñador será canalizado por el poder dominante y eficaz del ego que ejecutará la sensibilidad con eficacia para llevarla a materializarse en el presente, en el ahora, ante la urgencia de su necesidad de ser.
Tiempo y Lugar
La personalidad creativa es perceptiva y absorbente de emociones y sensaciones, de todo acontecimiento que esté afectando a su entorno, por lo tanto el momento en el que se haya será crucial para el desarrollo de su obra, de tal manera las distintas manifestaciones artísticas han estado marcadas por el tiempo y el lugar.
Las guerras, las restricciones, las épocas de bonanza han dado lugar a diferentes estilos artísticos, así como la situación geográfica ha marcado las costumbres y las culturas de los pueblos.
El hombre reflexivo tiene consciencia del momento que le ha tocado vivir. La riqueza de una vida consciente le da la posibilidad de disfrutar de ella al entender los privilegios y amenazas que esta conlleva. Puede comprender mejor una realidad y hacer uso de ella. Esta sabiduría le llevará con mayor facilidad a la acción, ya que el conocimiento del ahora induce a la participación. El saber del transcurrir de la vida como algo inmediato que no espera si no que está sucediendo ya, requiere de una existencia efectiva. La fantasía como modo de vida no tiene lugar, será un escape a la existencia, ya que el tiempo no es una ilusión si no un factor innato al ser y al transcurrir diario, por lo tanto la percepción del mismo invita a una participación activa en él y con él, ya que no estamos al margen si no que formamos parte de esa energía en movimiento que no se detiene.
Existir es identificarse con el tiempo. Si uno se mete en ese transcurrir del ahora logra en cierto modo meterse en la eternidad de la existencia, pues el ahora es siempre, es indivisible del tiempo y dura constantemente, sólo lo que no existe no dura pues no tiene cabida en el tiempo. Para Heidegger el tiempo es “el presente que se explicita, o sea, lo explicitado manifestado en el ahora”.
El arte se hará concreto a través de esta consciencia del tiempo ya que tendrá que tener lugar en él. El presente es un suceso y un lugar en el que ocurren las cosas, por ello, para que existan deben materializarse en él, así toda manifestación artística refleja una consciencia del tiempo.
Este estado vigente es también un motor continuo de estímulos ya que la rabiosa actualidad nunca es caduca, siempre está renovada y en la línea de salida y su certeza es también su mayor incertidumbre.
El tiempo en la obra de arte es un factor constante ya que no sólo importa el momento en el que fue creada por su carga coyuntural y su aportación a la historia del arte, si no que como concepto se encuentra implícito en la idea de creación. Una obra de arte aspira a vivir más allá de su tiempo y paradójicamente solo está viva la obra de arte que manifieste la consciencia del tiempo. El tiempo siempre.
El arte se concibe bajo su actualidad, en su momento y con una característica fuerte de individualidad pero con un afán y una búsqueda de universalidad. Si la obra aun partiendo de lo temporal, con un estilo propio de su época, y generándose a través de la existencia individual, logra un contenido atemporal que manifiesta lo universal, su éxito estará en el tiempo ya que será arte para hoy, para mañana.
Con-Temporáneo
Si se habla de arte contemporáneo se habla del arte del presente, el que está sucediendo en la actualidad. Su desarrollo y gestación están ocurriendo ahora, en este momento, cambiante, mutante, lleno de influencias y de referencias actuales. Enormemente frágil pues se está haciendo un lugar, nada tiene asegurado tan solo su valor de querer estar ahí, su espíritu de lucha y su diálogo que le hace ser escuchado, mirado.
Si antes hablaba de bosque ahora sería más certero hablar de selva. La jungla sin ley es el terreno que pisa un espíritu que va a medir su desnudez ante la nada. El vacío es el espejo para la incipiente creación, si el miedo no la vence y no se entrega a la oscuridad, aprenderá a poner luz con su mirada, y entonces se habrá iniciado, dando lugar a uno de los principios creativos: otro modo de ver. De alguna manera el contenido en el arte siempre es el mismo y será una nueva mirada la que despierte el interés y aporte otra luz y dimensión sobre los conceptos universales.
Con la actual globalización la situación geográfica no se convierte en un factor tan determinante como podría ser. Las características coyunturales siempre van a marcar una trayectoria de igual modo que está marcada por una personalidad o unos aspectos más o menos favorables. Finalmente todos los elementos son circunstanciales y decisivos para el desarrollo artístico.
Vivimos en la era de la comunicación, a través de Internet uno tiene acceso prácticamente a todo, sin duda es un alcance cibernético que nada tiene que ver con la presencia real de las cosas, ni las sensaciones que estas transmiten ante su existencia y en su lugar, pero sí abre unas puertas hacia cualquier lugar del mundo. Aunque sea una visión limitada se pueden ver las obras de una exposición en Shangai, Nueva York o Dusseldorf en el momento en que esta está aconteciendo.
Esta inmediatez puede dar la sensación a cada uno de estar situado en el mundo. Este ‘aquí’ y ‘ahora’, es en este instante y en muchos sitios. El ciudadano es un ciudadano global. Es partícipe de su mundo y de cualquier otro, a esto además le añadimos una situación de inestabilidad y fragilidad política, sometida a una constante amenaza de guerra terrorista, cuyo campo de batalla es indefinido y puede hacer explosión en cualquier territorio. La inmigración provee a las grandes ciudades de unas sociedades multiétnicas. La información está al alcance de cualquiera y las influencias son constantes y variadas. Así el artista de hoy puede hablar con una magnitud y una visión que se extiende más allá de la tierra que pisa.
Esta visión tan amplia no debe dejar que cerremos los ojos a lo más cercano, ya que extender la vista puede ser más cómodo y menos comprometido. Puede que seamos ciudadanos del mundo, pero este “cosmopolitanismo” no debe hacernos olvidar la esquina más cercana.
España siempre ha tenido una buena cantera de artistas pero además nos encontramos en un momento en que el arte contemporáneo tiene una gran aceptación y despierta un fuerte interés. Se vive la contemporaneidad y se participa de ella. Son muchos los artistas trabajando hoy en día que tienen una obra fresca, con gran poder expresivo. Las posibilidades de expresión son muchas y variadas y por ello se mueven en diferentes campos.
Los veintiún artistas que recoge esta exposición comparten una misma nacionalidad y tiempo pero entre ellos hay diferentes lenguajes y formas de presentación.
Los contenidos en algunos estarán más cerca que en otros, pero los medios de expresión varían, cada uno de ellos ha recurrido al que más posibilidades le da de transmitir el contenido de su obra. La elección de la materia expresiva debe estar plenamente de acuerdo con lo que quiere expresarse. Entre ellos vamos a ver las distintas maneras en las que el arte se presenta a una coyuntura tan abierta. Desde la conciencia política y religiosa hasta la intimidad más personal, las temáticas de estos veintiún autores abarcan muy distintas facetas de la inquietud humana.
La realidad al ser vista por una mirada concreta y tamizada por una personalidad independiente, es transformada, e inmediatamente va a ser devuelta al mundo exterior con el reflejo de esa percepción metamorfoseada.
El artista que utiliza como punto de partida los sucesos coyunturales los convertirá en una imagen, sintetizando al máximo una información extensísima, pero el resultado no será una lectura plana y esquematizada. Podemos ver esto en la obra de Miguel Soler Right vs Left (dancing guns). Su mismo título ya nos indica un enfrentamiento: derecha contra izquierda y el subtítulo nos da el objeto: las pistolas, pero también nos dice que estas se encuentran bailando, haciéndonos ver que hay algo irónico en este enfrentamiento. En su obra dos pantallas paralelas nos muestran diferentes tipos de pistolas moviéndose al ritmo de una coreografía que recuerda los maravillosos números acuáticos de la mítica Esther Williams. A nuestro pesar, las pistolas son un utensilio de rabiosa actualidad, confrontadas desde una pantalla a otra, como dos mundos paralelos, simétricos y opuestos, bailan al mismo ritmo, indiferentes del lado en el que se mueven. Soler nos presenta la dureza, el arma de la guerra, como si se tratase de un juego de niños, manipulada y al servicio de la música que suene.
En una actualidad candente entra el trabajo de Gabriel Díaz, el mundo de la religión. De su serie de peregrinaciones nos presenta Potala. Gabriel lleva un tiempo trabajando en obras sobre los lugares de peregrinación del mundo. Su obra, realizada siempre con un enorme respeto y un acercamiento desde la observación, presenta una belleza a veces evidente y en otros momentos completamente oculta. Potala es el monte sagrado donde se encuentra la casa del Dalai Lama en Tibet. La peregrinación se realiza rodeándola ya que el acceso no está permitido. El lugar enaltecido se encuentra rodeado por una circunvalación con gran tráfico, convirtiéndose así la peregrinación en una completa experiencia urbana. De nuevo nos encontramos con la confrontación y la complejidad, de un modo natural, dos mundos opuestos conviven: el espiritual que invita al silencio y al recogimiento y la actualidad arrolladora del desarrollo que es ruidosa y expansiva.
En las ciudades transcurren los videos de Sergio Belinchón y su vivir diario. Space III, Making Heaven nos enseña un cielo cargado de nubes, se mueven, se mezclan, dejan ver los claros y se vuelven a juntar, dándonos una sensación placentera y celestial. La nebulosidad acaba apartándose para dejarnos ver la chimenea de una fábrica. Esas alturas gozosas no son más que un cielo contaminado. La realidad puede ser engañosa y ficticia. Belinchón nos presenta una realidad muy actual con un sarcasmo silencioso.
También en las alturas transcurre la obra de Cristina Lucas pero estas son las alturas espaciales. Ergonomía nos habla, con una presentación en 3D, de un mundo futurista, extenso como el espacio, donde la única manera de mantener la individualidad es el aislamiento. En un mundo quizá ya demasiado globalizado, la protagonista ante la máxima posibilidad de expansión, recurre a la reclusión como medio de protección para poder mantener su personalidad e identidad propia. El desarrollo es tan grande que el individuo sólo quiere estar consigo mismo ante el miedo de perderse en la inmensidad que le es ajena.
La obra de Vicente Blanco Otra vez algo nuevo trabaja la animación a base de detalles, como si se tratara de un collage, haciendo referencia a diferentes ámbitos: arquitectura, diseño, medios de comunicación, cine, etc. Tomando como referencia la película Teorema de Pasolini y la ambigua relación que se establece entre los distintos personajes, nos habla de un mundo muy cotidiano: la familia, el trabajo, el dinero, los coches, las duchas diarias. Su forma ilustrativa y con cierto desarrollo narrativo, nos ofrece una cuidadísima presentación de interiores y un variado diseño de tejidos cercano a la estética capitalista de los años 50. Este vivir diario, a pesar de su presentación naif y su música rítmica y de tono ligero no deja de estar cargado de tensión e inquietud. La repetición, tanto en la música como en las actividades de las escenas, desarrolla una sinfonía de variaciones sobre un mismo tema.
Con una estética también cercana a la ilustración se mueve Sofía Jack. Como viñetas, cuadros de diferentes tamaños componen su obra Tetera. Un personaje aparece aislado, encerrado en su mundo, al que nos acercamos a golpe de zoom. La creatividad tiene un doble juego en esta obra: el cuadro que ha pintado el personaje y el arco iris que ha dibujado el reflejo de la naturaleza sobre la tetera. El aislamiento, el silencio y la luz son fuertemente transmitidos por un dibujo que a pesar de su apariencia fría está lleno de detalles cálidos. El acabado tan cuidado del vinilo puede generar una distancia natural pero el acercamiento al detalle que presenta la obra nos lleva a meternos en ella y a acortar distancias para trasladarnos a esa intimidad. La individualidad y el encierro vuelven a ser la situación presentada.
Del mundo global habla la obra de Jaime Pitarch. Su trabajo Mapa realizado con papel entrelazado hilvanado entre sí, representa un mapamundi que, de inmediato reconocemos como tal, pero sin embargo, la manipulación lo ha transformado en un mapa nuevo, los colores, la presentación de mapa de escuela nos resulta enormemente familiar pero el delicado modo de trabajar, al igual que sucede en el proceso creativo de absorción de las ideas, ha cambiado el panorama del mundo. La delicadeza del papel, explica muy bien la obra de este artista que con él nos transmite la fragilidad creativa, así su otra obra La Blancura de la Ballena hace alusión a la enorme cantidad de desechos que conlleva cualquier proceso creativo y que nunca verán la luz. Como un papel arrugado que ha caído fuera de la papelera, con textos escritos y todo un capítulo de Moby Dick en el que reflexiona sobre el miedo al blanco y a dejar espacios vacíos, el arte se recrea en el arte, los miedos y esfuerzos que este conlleva.
Lo que hay detrás del arte está ahora representado en los cuadros de Kepa Garraza pero esta vez es el artista fallecido. Andy Warhol, Nueva York, 1987 y Chaïm Sotine, París, 1943 Dos obras de su reciente serie de muertes de artistas. Sus perspectivas son fotográficas y su estética limpia, con fuertes contrastes de luces y sombras. Su tradición pictórica puede hacer pensar en las composiciones cuidadas y llenas de tensión de pintores como Zurbarán o Caravaggio. Su pincelada es fina y precisa, acercándose a una figuración realista. Su temática, con una fuerte carga dramática enfatizada por los contrastes de blancos y negros, aparece como un hecho a observar: la muerte. La muerte del artista como obra, como en muchos casos fue una elección propia.
Con la pintura también trabaja Regina de Miguel, sus obras presentan una composición múltiple donde, como en un jeroglífico, la información nos viene dada por diferentes símbolos y estilos. En sus dos cuadros presentados aquí Terrain Vague 12 y Terrain Vague 15 la idea de paisaje se yuxtapone. Por un lado aparece un paisaje natural, realista, presentado por un bosque de árboles en un cuadro y unas dunas en otro, pero sobre ellos penden unos esquemas arquitectónicos, como alzados de interiores que hacen referencia a otro mundo, a un paisaje más urbano. Esta dualidad de contrarios genera una tensión por la inconexión que presenta, matizada por la suavidad del color pastel del fondo. El desdoblamiento como alternativa ante la variedad de opciones que se nos presentan, la vida son distintas posibilidades por las que pasamos en tránsito. Parecen acertijos o datos aislados que al unificarlos nos darían el resultado de una historia, una situación, un retrato conceptual.
El dibujo abstracto de Juan Carlos Bracho nos da todavía menos datos personales pero si anecdóticos, ya que al realizarse directamente sobre la pared se adapta a esta señalando cualquier accidente producido en ella. Con meticulosidad y paciencia Bracho dibuja con grafito sobre un espacio plano de forma repetitiva, la discontinuidad de la mano y su intensidad serán las que crearán las luces y sombras, dando lugar a un efecto paisajístico sobre la pared, lo que el ojo elija ver en ese conjunto de trazos grises, un cielo, unas sombras, un paisaje, el resultado acaba siendo natural, como una ventana que se abre en el espacio. Una muestra de las posibilidades del trazo abstracto.
De naturaleza en el espacio habla la obra de Holga Méndez Aporías del Paraíso. Cincuenta y cuatro varas transparentes, de dos metros cada una, sujetan un árbol en su cima formando un bosque. La altura nos lleva la mirada hacia arriba presentando al árbol como pequeño, lejano e inaccesible, casi una especie en extinción en nuestro consumismo contemporáneo. El bosque lo forman columnas frías, iguales, sistemáticamente reproducidas. La pieza debe ser vista desde dos lugares, desde abajo donde uno se mide con ella y desde arriba donde la perspectiva nos da una visión completa mostrando una naturaleza bella y frágil, aislada en sí misma. Lo natural aparece como dificultoso, casi como un elemento curioso.
Hortus inconclusus para Pomba Gira de Yolanda Tabanera alude igualmente a la naturaleza. De nuevo la delicadeza de lo natural se hace patente. Siete flores, realizadas con diferentes capas de cristal superpuestas, nos indican lo quebradizo de lo representado. Pero igual que es quebradizo, como lo es todo producto o situación que germina, es floreciente. Mientras seis aguardan en su quietud transparente, una de ellas, distinta, de un color oscuro, parece querer salir de su condición de vegetal dando fruto a una columna vertebral. Inquietante y sobrenatural crece la flor vertebrada. El nacimiento como transformación y esta como diferencia que marcará la individualidad que siempre es complicada y distinta.
De inquietudes naturales diserta Once upon a time la narración animada de Nuria Marqués donde un personaje se encuentra asediado por su propia cabellera. El crecimiento del pelo, como metáfora del paso del tiempo y autoprotección, acabarán con la vida del personaje víctima de sí misma. El aislamiento y la autocontemplación dan lugar a monstruos, el miedo a la agresión exterior y un exceso de protección pueden acabar generando un mayor ataque hacia uno mismo. Una vez más, aparece el aislamiento como opción ante la rareza de la extraña y peculiar individualidad. La frágil existencia está también reflejada en la presentación: un folio suspendido por unos hilos de nylon recogen la animación. El encierro es un hecho patente de la personalidad que se busca a sí misma. La mirada se torna una y otra vez hacia uno mismo, así lo refleja el vídeo de Amparo Sard Compartiendo el momento donde la angustia se transmite como obsesión del autocontrol o control a los demás. Dos mujeres entran y salen de una estancia rectangular, ambas frente a un plato de comida. Mientras una está en la habitación, la otra observa todos los movimientos desde una mirilla. El encierro, la claustrofobia del que es vigilado en su intimidad. Pero esta dualidad puede ser de la propia personalidad, puesto que la mujer es la misma que come y se mira, como representación del Yo que no deja ni un minuto de descanso ante su autoexigencia.
De la presencia obsesiva y castigadora pasamos a la presencia etérea con la obra Vid de Arturo Fuentes. Vid es una unidad mínima de materia visual provista de significado. La vid contribuye a dar sentido a la unidad superior de la cual forma parte, la imagen. Fuentes genera una gramática visual a partir de estas partes mínimas de la imagen recolocándolas y dándoles así un nuevo sentido y significado. Lo más pequeño es una parte fundamental al entendimiento de la totalidad y el cambio de lo mínimo altera el resultado general. De una manera abstracta refleja al hombre en la participación de su mundo, pues por pequeño que sea en la globalidad, nunca llega a ser insignificante y su acción siempre repercutirá en el desenlace.
Alteraciones de contexto nos ofrece Manolo Bautista en sus fotografías. Dead on the dance floor es una imagen irreal de una lancha motora flotando en el aire de una habitación cerrada. El extremo cuidado con el que presenta la visión la hace fuertemente potente. Las gotas de agua cayendo, movidas por una hipotética velocidad, y el charco en el suelo hacen referencia al elemento del que ha sido sacada la embarcación, queriendo jugar con el efecto de una engañosa realidad. En A love supreme nos presenta un cartel con un mensaje ambiguo en un cielo de anuncio, fuertes colores con palmeras recrean un atardecer soñado, tan deseable como incierto. La realidad es intervenida y presentada de nuevo bajo la personal mirada del autor.
El políptico de Anna Malagrida nos da la visión desde el interior. Cinco fotografías van formando la línea del horizonte de un paisaje de costa, nebuloso y de aire romántico. La niebla, que sin duda está fuera, se encuentra incrementada por la suciedad, que cubre las ventanas del interior del edificio desde donde han sido tomadas las fotografías, dando lugar a otro paisaje que se yuxtapone al anterior. Una mugre de polvo ha servido de base para “grafitear” con el dedo en las ventanas, dejando el recuerdo del que ha pasado por allí. La primera imagen es gris, son dibujos, es una capa que nos distancia y hace más inalcanzable y deseosa la vista de ese paisaje que se nos pierde entre nieblas. El abandono, el recuerdo y la añoranza se transmiten con gran poesía desde una ventana tan explícita como la fotografía.
Aunque para su obra Linarejos Moreno utiliza distintos medios, es también la fotografía el medio que utiliza para el tríptico que presenta en esta exposición. Una vieja fábrica sirve de escenario y temática para Demolición de la fabrica/Rituales funerarios: Plañideras, El Banquete, Lacrimarios. El espacio y la memoria son temas recurrentes en sus piezas. Lugares viejos, abandonados, donde el paso del tiempo ha dejado una poderosa huella y el presente se dispone a borrarla. Linarejos nos presenta a través de sus obras el dolor, el recuerdo y el sentido del lugar. Un grupo de mujeres vestidas de negro trabajan como plañideras mostrando la aflicción ante la muerte de este espacio industrial ya en desuso. Un grupo de hombres, trabajadores en día de fiesta, está a punto de empezar un banquete como ritual de la celebración, de los logros quizá o como manifestación del jovial espíritu de empresa y unas máquinas parecen trabajar solas como queriendo reivindicar su utilidad o su protesta lacrimosa ante el inminente final. El presente en esta obra es aniquilador y mira hacia un pasado queriendo mantener viva la memoria de lo que se va.
De forma muy distinta habla del espacio la pieza de Nuria Fúster compuesta de un grupo de elementos variados que se potencian entre sí, generando distintas voces que se unifican en una, Under the air. Un cuadrado pintado sobre la pared y una obra gráfica acompañan a una escultura de madera, estructurada con objetos como una mesa, un bastidor y una plancha de contrachapado que sirve de soporte para la proyección de un vídeo que presenta un recorrido por un espacio arquitectónico. Pintura, madera, gráfica y vídeo forman la obra multiplicando en la unión sus significados. La yuxtaposición de las distintas texturas y superficies, de la inmovilidad y el movimiento, intensifica las distintas cualidades en una armónica convivencia. Su obra es una muestra de la constante variedad de acontecimientos que nos rodean transmitiendo dinamismo y simultaneidad.
El contraste es fuerte en la instalación de Carolina Silva Solo Player. Una batería, de un blanco impoluto, realizada a tamaño real en bambú y papel de arroz es manchada y orquestada por un goteo de tinta negra sobre ella. El instante es importante en esta pieza, su existencia blanca es efímera, como también lo es toda acción. Así la tinta, que da vida a los instrumentos generando un sonido sobre ellos, gotea durante unas horas transformando la pieza de forma progresiva y añadiéndole una dimensión sonora. Luego, al terminarse “la actuación”, se para dejando tras de sí la batería blanca manchada de tinta, como si se tratara de un lienzo blanco en el que se ha generado una pintura abstracta. La obra permanece quieta y silenciosa, haciendo patente una actividad ausente.
Un movimiento estático es el que implica la obra de Clara Carvajal. Su Peonza puede estar esperando una mano que la ponga en movimiento y la haga bailar. El juguete, por su tamaño, pierde el carácter de este y adquiere el de escultura. Quieta, apoyada en el suelo, nos sirve como metáfora ante la idea del objeto que representa, somos peonzas movidas por un destino, el que toque, y nos hace mirar el material y las líneas que la componen. La madera, desnuda, lavada, envejecida, como si el tiempo ya hubiera hecho su efecto y los listones que se curvan, se unen y estiran en un capricho geométrico que hace alarde de un calculo equilibrado y muestra la belleza de la sencillez.
Presencia y actualidad
En muchas de estas obras hay una ausencia de sujeto, nos hablan desde lo abstracto. Han elegido la forma, el material, la idea o el paisaje como vehículo para contar lo que sucede más allá de la persona, o queriendo quitar a esta, para que lo particular no intervenga en el concepto si no que la distancia sea la que genere el efecto de la obra. La falta de presencia invita a ocupar ese lugar, ya que de algún modo hay un vacío que puede ser llenado por el observador aunque sólo sea durante un instante.
En otras, la presencia es rotunda, por su existir aislado o su muerte inevitable, dejando patente que la vida es un continuo encuentro con la vida misma que está en uno. La subsistencia en este continuo transcurrir requiere de la inventiva para adaptarse a un mundo que se vuelve hostil si oponemos resistencia a su fluir natural.
A su modo, cada uno ha partido de su propia individualidad, de su experiencia concreta, y al sacarla al exterior la idea pierde esa identidad personal y obtiene una lectura de conceptos generales. El artista ha dejado una huella de su momento y su vivencia, de su percepción del mundo. La obra se convierte en una acción, en una participación evidente del vivir. Cada obra es un palpitar, un corazón que ha encontrado el oxígeno de sus venas en lo más cercano o lo más lejano, en lo ausente o lo presente, en lo concreto o lo abstracto y ha sabido generar la vida con otra piel y otra voz en este tiempo y este entorno.
En su ensayo Quousque tandem Oteiza dice “ que el arte consiste en toda época y en cualquier lugar, en un proceso integrador, religador, del hombre y su realidad, que parte siempre de una nada que es nada y concluye en otra Nada que es Todo, un Absoluto, como respuesta límite y solución espiritual de la existencia.”
En este torbellino de manifestaciones en el que nos vemos sometidos, la elección es una labor continua. Vivir es un asedio constante, la actualidad nos invade con los ruidos, y demostraciones de su febril palpitar. El trabajo del artista se mueve entre el mundo propio y el ajeno, y trabaja en lograr un equilibrio de ambos mundos en su obra para conseguir llevar la realidad a otra dimensión, a esa que carece de tiempo y lugar pero que se ha gestado con el peso de los dos. Vivimos en una cultura que parece obsesionada por la novedad, que se reta a una constante demostración de su capacidad de innovación y el efecto de esta. El poder del momento es provocador y estimulante, si en medio de la vorágine y con ella, el Ser es capaz de percibir su propia presencia y sentir su plenitud, tiene el campo abonado para establecer una conjunción productiva y generadora. La creatividad no conoce la espera, más que la que conlleva la germinación que es parte importante de su proceso. Así el sentimiento de la vida real tampoco entiende de tiempos muertos y el participar de ella con una plena consciencia de estar presente dejará las proyecciones imaginarias para hacerlas una realidad.
Hay tantas formas de acercarse a este presente que el artista se va a encontrar con una gran variedad de lenguajes y medios con los que generar este proceso artístico. Por ello nos encontramos con múltiples disciplinas o artistas multidisciplinares. El medio, como su nombre indica, es tan solo un vehículo para transmitir, no debe quedarse en una cuestión de estética, de modas o de capacidad efectista, si no en una ayuda para logar esa realidad que se ha salido de la magnitud anecdótica para pasar a ser común a todos. El arte será eco de su presente, latir de su presencia humana y transmisor universal.